(esseb) La sociedad está cambiando, a pesar de los temores y prejuicios. Esto es lo que se resalta de de los casos de esterilidad y la fecundación asistida. Pero, si la historia de los cambios sociales puede enseñarnos algo, es que los cambios son lentos y a menudo ciertas convenciones son difíciles de cambiar. Un estudio británico publicado hace cinco años en "Human Reproduction."plantea esata cuestión.Los científicos han efectuado una investigación sobre las familias con niños de doce años, nacidos gracias a la fecundación asistida. Junto a la felicidad de ser padres, quedan dentro de las parejas algunos dilemas atados a los juicios, o mejor a los prejuicios, que siguen persistiendo a nivel social. ¿Es necesario revelarles a los hijos cómo nacieron o es más conveniente callar?
Del estudio ha emergido que en el 65 por ciento de los casos los niños desconocen cómo nacieron. Los padres prefieren el silencio. El porcentaje de las parejas que no conversan con sus hijos respecto a esta técnica se incrementa hasta el 90 por ciento si el padre biológico no es el mismo con el quien se crían.
Otro dato importante de la fecundación asistida afecta la tranquilidad de la vida diaria, tanto en los hijos como en los padres. Los divorcios son pocos. Además los padres tienen el "síndroma del super padre” en el caso en que no sean los padres biológicos de los hijos. Como una compensación para superar el binomio que une el concepto de fertilidad al de virilidad.
Una realidad que, si confirmada por ulteriores estudios, parece darle razón al principio al que se inspira quien trabaja en este sector: cada pareja tiene el derecho a procrear.
