Lucy Lombardo

Carta a Troina

Señora Troina

En el año 1959 crucé el inmenso oceano, porque así lo habían decidido mis padres, con una valija llena de esperanza, y con el corazón roto porque dejaba tras de mi tantos queridos parientes con quién había crecido hasta los doce años. El destino fue Argentina, una tierra llena de coetáneos, que escapaban de la desocupación, del hambre, y de la falta de un proyecto italiano incapaz de planificar el desarrollo de un pais con tanta gente pobre.

A mi llegada me encontre en una geofrafía distinta, sea física como humana, no obstante ello, muy hospitalaria con todos aquellos que estaban deseosos de comprometerse con el trabajo, con el estudio y con la necesidad de crecer.

A medida que el tiempo transcurría, el corazón se curaba y, también el dolor de la tierra y los parientes lejanos, eran casi fantasmas, comenzó a desvanecerse. Usted Señora Troina, pobre y sin oportunidades, devino un recuerdo lleno de ternura y alegría por la feliz infancia que me dió.

En mi condición de inmigrante, rapidamente entendí que el estudio era el camino hacia el progreso. Lo recorrí con optimos resultados, pero usted Señora Troina debe saber, que sin tantos sueños, conceptos y significados, que me entregó, quizás no hubiese salido triunfante en tierra extraña. De usted aprendí sobretodo la dignidad humana, que me hace sentir majestuosa, tal como es majestuosa su posición geofráfica.

Tres veces volví a visitarla querida Señora Troina, y cada vez la encontré siempre más espléndida, más altanera, soberbia como siempre entre valles y colinas. Con placer observé que muchas cosas han hecho aquellos que se quedaron, que envueltos en las exigencias de la modernidad, no bajaron los brazos.

Le confieso que cuando la djo, siento una profunda tristeza y la esperanza de volverla a ver, cada vez le estoy agradecida, porque gracias a usted Señora Troina, regreso con la valija llena de ternura y sobretodo llena de alegría por haberla encontrada tan bella.Las luces, cuidadosamente sistemadas, la limpieza, el nuevo ordenamiento hurbanístico, le rinden todo el esplendor del merecido nombre de Civitas Vetustissima.

Ah! pero lo que más me rinde feliz es justamente el aggiornamento de la mentalidad troinese, a medida que la juventud, si bien atraversada de problemas, está a cargo de la conducción de las redes sociales, muchos prejuicios y costumbres antiguos han sido oportunamente dejados de lado.

Gracias a las diversas libertades, duramente adquiridas, la relativa emancipación de la mujer, su acceso a la educación y a los puestos de trabajo, como medios modernos para ser siempre más creativos, el aire puro que se respira, harán de Troina quizás lo que fue en el pasado, un nombre reconocido más allá de los confines de Sicilia, no como fortaleza militar, ni por su belleza que inspira respeto, sino porque tiene algo importante para ofrecer a la humanidad.

Ahora sé que un pedazo de mi le pertenece a usted, y otro pedazo a la tierra que me hospedó, con el corazón en un todo reconciliado con esta realidad. Gracias Señora Troina otra vez, por darme su protección y la certeza que siempre me recibirá como si no me fuese nunca alejada.

Gracias, Gracias amadisima Señora Troina